que hacer

En el actual contexto de crisis estructural del capitalismo y el conflicto entre un orden unipolar —dominado por el imperialismo estadounidense—y la implementación de un mundo multipolar, el desenlace de este enfrentamiento depende, en gran medida, de la fuerza que tengan los gobiernos que representan a clases antagónicas, los intereses geopolíticos de los mismos, donde también está en juego de la capacidad de la clase trabajadora para organizarse y resistir la ofensiva desesperada de un imperialismo que busca recuperar su hegemonía global.

El proceso de agotamiento del modelo capitalista no solo profundiza la desigualdad y las injusticias sociales, sino que alimenta una creciente inconformidad en distintos sectores del pueblo. Muestra de ello son las protestas de los “Chalecos Amarillos” en Francia, el movimiento “Ocupa Wall Street” en Estados Unidos, así como diversas expresiones de lucha indígena y feminista a nivel mundial. Sin embargo, aunque estas manifestaciones reflejan legitimidad popular, rechazo a la organización partidaria elitista y poco democrática, critica a la toma y ejercicio del poder político, la acción de estos movimientos sociales está condenada a la dispersión y la ineficacia, porque sus reclamos no buscan afectar las causas estructurales de la opresión y carecen de la dirección política de un partido revolucionario.

En su obra “¿Qué hacer?”, Lenin ya advirtió que la movilización espontánea de las masas es insuficiente por si sola, es necesaria la dirección de la vanguardia constituida por el partido de los trabajadores. Por ello es necesario remarcar que, para que la clase trabajadora avance hacia su emancipación, debe adquirir conciencia de clase, es decir, debe superar la lucha puramente económica (reivindicacionista) y asumir la lucha política, reconociendo a la burguesía como su enemigo de clase. La conciencia de clase no surge de manera natural; es adquirida por un proceso en la que el trabajador evoluciona de ser “clase en sí a ser clase para sí”, ese conocimiento suele ser introducido desde el exterior por la vanguardia organizada: el Partido Comunista.

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El rol de los militantes no es solo reclamar y protestar por las injusticias sociales, sino educar, organizar y dirigir a la clase trabajadora hacia su emancipación. La militancia en el Partido no es un simple formalismo, sino la única forma de convertir la lucha fragmentada del pueblo en un movimiento político cohesionado capaz de acabar con las causas estructurales de la opresión.

Los militantes comunistas comprenden la importancia de la organización partidaria en la lucha antiimperialista. Es indispensable no solo leer el “¿Qué hacer?” de Lenin, sino estudiar, asimilar, asumir y llevar a la práctica. De nada sirve aprender de memoria su contenido si al momento de actuar en los diferentes frentes de masas se olvidan de la ideología y reglas orgánicas que sustenta el Partido, si se apartan de la línea política y de su importancia para la lucha de los trabajadores, y en nuestro accionar priman intereses individuales o gremiales.

Calificarse de leninista es entender y asimilar la importancia que daba Lenin al Partido, y a la preparación ideológica de los cuadros partidarios. No se trata de decirse leninista, sino demostrar en la actividad partidaria, participando consciente y responsablemente en las diferentes instancias orgánicas, ya sea apoyando el trabajo en los frentes de masas o en la discusión ideológica interna, pero siempre buscando el fortalecimiento del Partido, comprendiendo la importancia de la organización partidaria para la lucha por la liberación de nuestros pueblos contra el yugo del imperialismo.

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