LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE:
FARO ROJO EN LA LUCHA ANTIIMPERIALISTA DEL SIGLO XXI

El 7 de noviembre de 1917, el pueblo trabajador de Rusia, guiado por el Partido Bolchevique y la dirección de Lenin, “tomó el cielo por asalto”. La Revolución Socialista de Octubre no significó únicamente el fin del zarismo y la derrota de la burguesía; marcó el nacimiento del primer Estado socialista de la historia y abrió una etapa inédita donde el proletariado se erigió como clase dirigente, demostrando que una sociedad sin explotación no solo era necesaria, sino posible.
La Revolución de Octubre transformó para siempre el rumbo de la humanidad. La Unión Soviética, edificada sobre las ruinas del viejo régimen, garantizó salud, educación, cultura y trabajo para todos. Su ejemplo rompió el monopolio ideológico del imperialismo y encendió la esperanza de millones de oprimidos en todos los continentes. Desde entonces, el marxismo-leninismo se consolidó como la guía científica y revolucionaria de los trabajadores del mundo.
Hoy, más de un siglo después, la bandera roja de Octubre continúa iluminando la resistencia popular frente al imperialismo decadente. Frente al dominio del capital financiero, las guerras de rapiña, las sanciones económicas y la guerra mediática, las enseñanzas de Lenin conservan una vigencia extraordinaria.
El mayor legado de Octubre fue mostrar que el imperialismo no es invencible. Su derrota comienza con la organización consciente y disciplinada de la clase trabajadora en torno a un Partido de nuevo tipo: centralizado, ideológicamente firme y guiado por una estrategia revolucionaria. Sin dirección política, sin claridad teórica ni unidad orgánica, la lucha del proletariado se dispersa en luchas despolitizadas inofensivas para el imperialismo. Los bolcheviques demostraron que sólo un partido revolucionario, basado en el marxismo-leninismo, podía convertir la indignación popular en poder obrero.
La Revolución de Octubre enseñó el valor del centralismo democrático, la unidad ideológica y la acción decidida. Mostró que el socialismo no nace del azar, sino de la organización científica de la revolución. Y esa verdad sigue siendo el núcleo de toda lucha antiimperialista: “sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”.
Hoy, cuando el imperialismo estadounidense reedita su ofensiva mediante guerras híbridas, bloqueos económicos y manipulación mediática, los pueblos deben mirar nuevamente hacia Octubre. Su mensaje no pertenece al pasado, sino al porvenir: con claridad ideológica, disciplina y unidad internacionalista, el imperialismo puede ser derrotado.
La tarea iniciada por la Revolución de Octubre en algunos casos está pendiente y en otros marcha triunfalmente. En cada huelga, en cada levantamiento popular, en cada acto de resistencia antiimperialista, arde la llama encendida en Petrogrado. Porque mientras exista explotación, Octubre sigue vigente guiando la lucha de los trabajadores, recordándonos que solo el socialismo puede salvar a la humanidad.