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Lo hizo como si fuera una promesa y hubo aplausos de quienes, al parecer, no conocen la historia del siglo pasado y no saben de dónde viene esa frase y quiénes la usaron. El lema “Dios, Patria y Familia” no nació de la fe, nació para ser garrote, es el eslogan que sustentó a los movimientos y regímenes más autoritarios de la historia reciente, tanto en Europa como en Latinoamérica.

El lema “Dios, Patria y familia”, fue usado por Benito Mussolini (Dio, Patria e Famiglia) durante el Fascismo Italiano, fue la base del régimen de Salazar (Deus, Pátria e Família) en Portugal, fue el grito de guerra de los “camisas verdes” de la Ação Integralista Brasileira de Plínio Salgado, el movimiento fascista más grande de la región. Fue clave en el discurso de orden y represión del régimen militar de Augusto Pinochet en Chile. Fue usado por grupos paramilitares como la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) mientras perseguían voces disidentes. Fue defendido por el régimen de Franco para su modelo nacional-católico mientras cometían atrocidades. Su espíritu ultraconservador y armado fue la columna vertebral de la Guerra Cristera en México. Intrínsecamente, fue la base ideológica de la dictadura del General Hugo Banzer Suárez (desapariciones, torturas, Represión).

Estamos hablando de gobiernos ideologías fascistas que utilizando el referido lema quemaban libros, prohibían pensar distinto, perseguían y no tenían un ápice de respeto por las leyes. Eran tiempos donde las mujeres debían rezar bajito y la autoridad del hombre era ley.

Hoy, mientras algunos celebran creyendo que gritar “Dios, Patria y Familia” se trata de valores individuales, esa frase hizo padecer al pueblo de violencia, torturas, asesinatos, desapariciones y todo tipo de violaciones a los derechos humanos cometidos en nombre de Dios, el orden y lo tradicional.

Aplauden sin saber que, históricamente, ese grito es lo contrario a la libertad, es volver a tiempos donde solo unos pocos podían hablar, y el Estado definía quién eras, a quién amabas y en qué debías creer.

Recuerden que cuando la gente dice que quisiera vivir en la época, por ejemplo, de los faraones egipcios, se imaginan a ellos vestidos de oro y cumpliendo altas funciones, jamás se imaginan como esclavos o perseguidos. Lo mismo pasa con los que sueñan con los tiempos de Bánzer, Franco, Pinochet y otros, no saben de lo que hablan, ni lo que aplauden, porque tras esa frase se vislumbra un régimen que sembrará dolor y luto.

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