Juventud, ideología y reproducción social: entre el consumo y la resistencia

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La juventud boliviana vive en una encrucijada histórica. Por un lado, es interpelada constantemente por el mercado, los medios y la cultura digital que promueven el individualismo, el éxito rápido y el consumo como forma de realización. Por otro, muchos jóvenes experimentan desempleo, exclusión educativa, precariedad laboral y violencia institucional. Esta contradicción produce una generación dividida entre la alienación y la rebeldía.

La sociología socialista reconoce que la juventud no es una categoría homogénea, sino una construcción social atravesada por clase, territorio, género y etnia. No es lo mismo ser joven en El Alto que en un colegio privado de Santa Cruz; en una comunidad ayorea que en la universidad pública de Sucre. Entender esas diferencias es clave para construir procesos organizativos reales que disputen la hegemonía cultural del capital.

Hoy, parte de la juventud organizada resiste: en colectivos populares, en las calles, en la cultura urbana, en radios comunitarias, en las luchas estudiantiles. Allí se gesta la semilla de una conciencia crítica, que sin embargo necesita ser acompañada por una formación política sólida y un horizonte estratégico. El capitalismo ha aprendido a seducir también a los jóvenes que protestan, vaciando su rebeldía de contenido.

Desde una perspectiva socialista, la tarea es clara: organizar a la juventud como sujeto político activo de la transformación social. Esto implica revalorizar la práctica militante, la educación política, el trabajo colectivo y la producción cultural alternativa. No se trata solo de contener el descontento, sino de canalizarlo hacia la construcción de poder popular y de un nuevo tipo de sociedad.

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