PROCESO REVOLUCIONARIO CULTURAL DE CAMBIO CON UN DESTINO ANTES PREVISIBLE

Evo Morales Ayma, ascendió al poder en enero de 2006, junto a los movimientos sociales de aquel entonces, como consecuencia de su legítimo triunfo en las elecciones nacionales de diciembre de 2005, obviamente después de un largo proceso de luchas y acumulación de fuerzas de la clase obrera y de otros movimientos en la dura resistencia al modelo neoliberal vigente, quienes en esa época demandaban un abanico de reivindicaciones sectoriales legitimas de sus respectivos gremios, que pasado algún tiempo, pasaron a ser demandas colectivas de todo el conjunto del pueblo boliviano, entre las que la Agenda de octubre de 2003, la que se constituyó en política de Estado como: la no venta de gas a EEUU por puertos chilenos; no al ALCA; la nacionalización del gas y el petróleo; Asamblea Constituyente; Nueva Constitución Política del Estado; incorporación física de los sectores empoderados a los 4 poderes del Estado: ejecutivo, legislativo, judicial y electoral; la equidad de género; nueva Ley Educativa, que se convirtieron en conquistas sociales, todas ellas a la fecha establecidas en leyes del Estado Plurinacional de Bolivia.

Mientras Evo desenvolvía su gobierno en la línea política de “gobernar obedeciendo al pueblo”, gobernar implementando el mandato de las organizaciones sociales, con el apoyo social militante de la Bolivia profunda, este era contundente, sin embargo, la agenda señalada se fue agotando, tomando en cuenta que el horizonte socialista establecido en su sigla partidaria no se visibilizó en programas ni en políticas económicas que afectaran a la oligarquía, ni a la gran burguesía nacional, debido a que el poder del Estado, fundamentalmente el ejecutivo, y el partido de gobierno, no estuvo liderado por la clase obrera, con su ideología y su programa revolucionario, más bien, la dirección del proceso correspondió a los sectores campesinos e indígenas, cooperativistas mineros y técnicos de formación pequeño burguesa, sin norte socialista.

Los otros sectores no proletarios, pequeños propietarios que detentaron y usufructuaron el poder, ellos sueñan algún día volverse ricos y poderosos, debido a la influencia ideológica y psicológica del colonialismo: el racismo, el egoísmo, el individualismo, en donde siempre aparece, primero el yo, después el yo y siempre el yo; como consecuencia de ello apareció la corrupción en algunos niveles de la administración pública, que paulatinamente fue institucionalizándose y desacreditando el proceso de cambio a los ojos de sus bases impulsoras del mismo.

A esto se suma la aparición natural de este estamento social: el egoísmo, el individualismo en las filas del partido de gobierno, en donde se olvidan del enemigo fundamental del pueblo boliviano y de los intereses comunes de los sectores y capaz sociales que representan y comienzan las despiadadas adjetivaciones de unos líderes en contra de los otros, provocando infelizmente la división del instrumento político por cuestiones de pegas, dando origen a dos bandos irreconciliables que a la fecha se han auto destruido. ¿Quién ganó con esta división? Obviamente que el imperialismo y la extrema derecha, hoy en el ejercicio del gobierno y del poder por el lapso de cinco años.

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