FLAGRANTE INTERVENCIONISMO Y ENTREGUISMO AL IMPERIO

Al margen de las anecdóticas genuflexiones ante el dueño del patio trasero, el encuentro presidencial en Miami buscaba dar continuidad a la cita de comandantes militares del Continente leales al Imperio. En consecuencia, el “Escudo de las Américas” diseñado geopolíticamente contra el predominante papel que juega la China a nivel global, resulta ser el penúltimo peldaño de la estrategia injerencista yanqui en nuestra región.

Los compromisos implícitos del evento apuntan sin lugar a dudas a contrarrestar la presencia “extracontinental” en América Latina, como impuso en su momento el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), una reliquia de la guerra fría suscrito como pacto de defensa mutua en 1947. Pero, ojo, ese convenio anticomunista sentó las bases de los que a partir de la década del 50 fue la OTAN, de indignante función bélica a lo largo de su miserable historial. No obstante, Bolivia se retiró de este bloque proimperialista en 2012, entre otros fundamentos, por que EEUU en 1982 apoyo a Gran Bretaña en el conflicto de las Malvinas, desvirtuando el falso criterio de que “un ataque contra uno es un ataque contra todos”.

Ante una coyuntura mundial desventajosa a todas luces para la dominación imperial, el declinante régimen norteamericano hoy procura resucitar el TIAR con su Escudo militarizado, propugnando incluso la creación de nuevas bases, uso de la fuerza armada y envío de tropas a los países vasallos. Maquinando con los gobiernos “cooperantes” sumisos, va fraguando otro instrumento de intervención y agresión, con finalidades belicista como está demuestra en su flagrante y artero ataque a la República Islámica de Irán. Ese pueblo bombardeado sin atenuantes ahora, como no puede ser de otra manera, exige el más amplio apoyo internacional para frenar las manos de los imperialistas.

Por otra parte, los riesgos para los latinoamericanos persisten y se acrecientan, más aún desde la operación “quirúrgica” estadounidense en Venezuela, y la emergencia demanda resguardar nuestra propia integridad y defender la soberanía nacional, como en el caso cubano. Dado el entreguismo de los 12 asistente a la vergonzosa reunión de Miami, el Imperio busca una situación que facilite la subasta de las riquezas naturales o recursos estratégicos de nuestros países, como el caso de Ecuador, cuyo genuflexo presidente se atrevió a romper relaciones con Cuba, a tiempo de instalar al FBI en su país.

La visión del patio trasero que sustenta esa concepción injerencista constituye una muy seria amenaza para nuestros pueblos, que en su momento alcanzaron su independencia derrotando al colonialismo español. Por ello debemos repudiar el alevoso intervencionismo de EEUU, y por el contrario levantar las banderas de la autodeterminación soberana ante el servilismo de la política internacional neoliberal. Hace falta entonces no bajar la guardia y redoblar las experiencias unitarias tomando en cuenta que viene de ahora en adelante.

Sumar esfuerzos para contrarrestar la arremetida retrógrada en América Latina, es indispensable reafirmar nuestra solidaridad con el pueblo de Cuba, que merece un gran lugar en la historia, el de la gloria: un pueblo que merece la victoria. Reflexionaba al respecto con su ejemplar clarividencia Fidel Castro: “Cualquier enemigo tiene que pensar que es una locura invadir un país como éste, una locura, porque le puede pasar como a las tropas de Napoleón en España, que entraron y después no hallaban cómo salir, o las de Napoleón en la vieja Rusia, que entraron y después no hallaban tampoco cómo salir…”

Cómo convertir la unidad popular en la más amplia energía social y fuerza política antiimperialista y antioligárquica, es desafío de la hora y la mayor solidaridad internacionalista constituye el compromiso de las y los comunistas bolivianos sin retaceos, como siempre lo hicimos en la trayectoria de la lucha de clases, y peor hoy en día, cuando se intenta retroceder en todas las conquistas logradas en el Estado Plurinacional.

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